Resultados Estudio TDA octubre 2008 - marzo 2009
Del 100% de los niños y niñas diagnosticados con TDA un 80% de las familias trabajaron con el modelo MESLO y sólo un 20% decidió no hacerlo. La mayoría de las deserciones fueron en la primera sesión y se debieron a que los padres no estaban de acuerdo con la metodología o no estaban las condiciones familiares para continuar el tratamiento. Del 100% de las familias que trabajaron con el modelo un 25% incorporó también a los hermanos y/o hermanas en el trabajo.
Del 100% de niños y niñas que sí trabajaron con el modelo, un 82% presentaron problemas solo de voluntad y se les dio un alta monitoreada con un promedio de 3 sesiones. El 18% restante de los niños y niñas no mejoró lo suficiente al despejar sus problemas de voluntad y se decidió aplicar un programa de entrenamiento cerebral, Target Brain Training.
Cabe destacar que el promedio de sesiones para dar un alta monitoreada fluctuó entre 1 y 4.
Del 18% de los niños y niñas a los que se les aplicó un programa de entrenamiento cerebral, un 3,8% mejoró, a un 13,1% se le dio un alta monitoreada (se entregan las herramientas y los padres continúan el proceso) y solo un 1,1% fue derivado a otro especialista.
Con los resultados obtenidos se podría concluir que un 82% de los niños y niñas modificaron sus conductas y fueron dados de alta monitoreada solo con trabajar sus problemas de voluntad y de estructura del sistema familiar. Por ende, se podría plantear la importancia que tiene un programa de prevención, que les permita a los niños y niñas y a sus familias tratar el tema a temprana edad, entregando herramientas adecuadas y concretas a los padres.
Por otro lado, solo un 18% de los niños y niñas requirió mayor trabajo focalizado en sus dificultades a través de un trabajo de repetición y ese 18% sólo un 1,1% no logró los objetivos requeridos en el tiempo determinado y fueron derivados a un trabajo más especializado.
En síntesis, los resultados finales de la aplicación del Modelo Sistémico Estructural Langford & Opazo a niños y niñas con diagnóstico TDA, considerando el 80% de los 103 niños del universo inicial a los que sí se les aplicó el modelo, fueron los siguientes:
Logra alta monitoreada : 95,1%
Mejora : 3,8%
Es derivado : 1,1%
Es importante mencionar que el total de pacientes con diagnóstico TDA a los que se les ha aplicado el modelo al día de hoy es de 932 niños y niñas, universo en el cual los resultados porcentuales son proporcionales a los datos descritos en este estudio. Ahora bien, si estos niños y niñas representan en promedio a familias con 4 integrantes, el impacto de influencia es para 3.728 personas, las que lograron mejorar su calidad de vida, dejando de “sobrevivir” y comenzando a vivir con una notoria mejoría de las relaciones dentro del hogar a través de lazos de cordialidad, paciencia, tolerancia y comprensión.
El hecho de colocar límites no es fácil, pero el trabajo duro tiene sus recompensas; se invierte en la paz y armonía del hogar.
Por último, los resultados de este estudio dejan un espacio importante para la reflexión. Nos podríamos plantear las siguientes preguntas: Sí en la del diagnóstico TDA hay un problema de voluntad, ¿existirá una correlación entre los niños y niñas diagnosticados con TDA, adolescentes con problemas de diferentes adicciones y adultos con Trastornos Depresivos leves o de mediana gravedad?, ¿existirá el TDA?, ¿no será que en estos días el gran problema es la pérdida de voluntad o la falta de desarrollo de ella?, ¿no será que el problema de la voluntad es la base de los problemas de salud mental y física de hoy en día?, ¿por qué se medica con sustancias externas lo que se debe trabajar y desarrollar internamente?, ¿por qué buscamos enfermedad dónde no la hay?, ¿por qué no retomamos enseñanzas ancestrales que promueven el trabajo de la voluntad, de la capacidad de escuchar y de la reflexión cómo bases de la estructura de crecimiento del ser humano?
Debemos focalizar nuestros esfuerzos en la prevención de TDA, trabajando la voluntad de hacer lo que tenemos que hacer.







